Café y sesiones de espiritismo, moda del XX

Sesiones de espiritismo siglo XX blog Irina Kepler

¿Un café y unas sesiones de espiritismo?

Durante el transcurso del siglo XIX y principios del XX surgió una práctica que comenzó a ser común entre las esferas más acomodadas de la sociedad: Las sesiones de espiritismo. Con ellas surgieron a su vez movimientos adeptos y detractores que pusieron patas arriba la concepción sobre la mente humana e incluso ayudó a replantear la propia religión imperante.

Uno de estos movimientos fue la doctrina espírita de Allan Kardec, que rápidamente se convirtió en todo un referente para seguidores del más allá. Las bases de esta doctrina prevalecen hoy día y son la piedra angular de la gran mayoría de sensitivos occidentales. La cuestión es qué llevó a estas personas en este momento concreto a desarrollar este peculiar movimiento que atraería las miradas de muchos.

 

La muerte como compañera de vida

Las sesiones de espiritismo solían realizarse en países como Francia -donde nació la doctrina Espírita-, Inglaterra o Estados Unidos. Aunque también eran populares en algunos regiones de Europa que no he mencionado, parece ser que en estos tres tuvieron un mayor calado. Para comprender mejor la atmósfera que envolvía estas sesiones donde, en teoría, se invocaba y se hablaba con difuntos deberíamos tener en cuenta el amplio protagonismo de la muerte en las vidas de aquellas personas. La medicina no era como la conocemos hoy día, el catolicismo todavía estaba fuertemente instaurado en la conciencia colectiva y los conflictos bélicos eran cruentos y de cariz mundial. Lo más normal era perder uno, dos o tres hijos, ser huérfano, perecer en una trinchera o temer por la condenación eterna de tu alma.

En este contexto quizá no nos parezca extraño que se quisiera indagar un poco más en lo que se conoce vulgarmente como el más allá y así poder despedirse de aquél hijo que falleció en la guerra, constatar que existe un cielo y un infierno y preguntar a un tío segundo sobre dónde ocultó su tesoro -a los estadounidenses les encantan los tesoros; no sé por qué pero les encantan-.

El acercamiento de la ciencia al mundo espíritas auspició el replanteamiento de la mente humana

La danza de las mesas y los fraudes

Una de las cosas más interesantes fue la aceptación de la existencia de algunos fenómenos como la levitación o la escritura automática. Si bien, la mayoría de estos fenómenos relacionados con la comunicación con las almas de los difuntos se catalogaron como el resultado de trastornos de la mente.

Las sesiones de espiritismo atrajeron a muchos personajes ilustres de la época que deseaban ser partícipes de aquél fenómeno tan popular. Algunos de ellos se acercaron con curiosidad y respeto, pero otros se dedicaron a desenmascarar diferentes fraudes como el ilusionista Houdini. Incluso Ramón y Cajal estuvo a punto de sacar un libro acerca de sus investigaciones en el ámbito del espiritismo. Según se dice, en este escrito no publicado exponía su conclusión sobre el tema: No hay nada más que superchería. Hubiera sido fantástico leer esta obra perdida que seguro hubiera aportado muchos datos interesantes sobre la naturaleza de estos fenómenos.

Santiago Ramón y Cajal escribía…

«(..)decepción dolorosa al considerar que el tan decantado cerebro humano, la obra maestra de la creación, adolece del enorme defecto de la sugestión; defecto en cuya virtud, hasta la más excelsa inteligencia puede, en ocasiones, convertirse por ministerio de hábiles sugestionadores, conscientes o inconscientes (oradores, políticos, guerreros, apóstoles, etc.), en humilde y pasivo instrumento de delirios, ambiciones o codicias”.

Sobre los experimentos de sugestión

El Ilustre Santiago Ramón y Cajal en el blog de Irina Kepler

Se ha documentado que a estas sesiones de espiritismo llegaron a acudir personalidades tales como Graham Bell, Edison, Marconi e incluso el escritor Arthur Conan Doyle – al que dedicaré un post más adelante porque tiene tela el amigo-. Para mi gusto, el hecho de que muchos de estos personajes fueran pioneros en su campo no es casualidad. Hablamos de personas con la mente abierta, dispuestos a afrontar nuevos paradigmas y curiosos ante lo nuevo (y no miedosos, como gran parte de la sociedad).

Algo que no se puede discutir es el camino que estas prácticas abrieron en el terreno de la psicología. Diversos autores coinciden en que este curioso periodo en el que la ciencia se acercó al más escandaloso lado espiritual supuso un cambio de visión en el objetivo del estudio de la mente humana.

Personalidades en la época de las sesiones de espiritismo

El espiritista Allan Kardec – padre de la doctrina espírita-.

La médium Hélène Smith – descubierta como farsante-.

La espiritista Agustina González «La Zapatera» -conocida en territorio español-.

La médium Eusapia Palladino – descubierta como farsante-.

La médium Cora L.V. Scott – presumida como médium auténtica-.

El ocultista Aleister Crowley – fundador de la religión de Thelema-.

Resumiendo…

Hoy en día todavía existe cierta reticencia a este mundo de los llamados médiums o personas con dones especiales y la gran mayoría son tildados de fraudes -lo cual es cierto, hay muchísimo estafador-.

Sin embargo, siempre ha habido personas que afirman estar en contacto con los muertos, independientemente de su cultura o procedencia. Incluso hay casos de gente que no se presume como médium ni muchísimo menos afirma tener un don y en algún momento ha tenido una experiencia que se escapa a una explicación puramente científica. Para mi gusto, afirmar con rotundidad que tales sucesos no existen o son superchería de estafadores es precipitarse un poco. Dime, tú que lees, ¿nunca has conocido a nadie con algún duende o don especial que ni alardeaba ni cobraba por tenerlo? ¿Nunca te ha sucedido nada que no pudieras explicar con los métodos científicos? Sería fascinante que la ciencia volviera a interesarse por todas estas personas y sus capacidades y pudiéramos comenzar a resolver el misterio de la mente humana y su verdadero poder.

Libros princesa para saber más…

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